¿Qué me intentas decir?
El amargor gotea por los cuadros,
y la piel intenta despedirse del cuerpo.
¿Qué es, qué sucede?
Te niegas a moverte,
ni siquiera puedes cumplir tus antiguas rutinas,
me cargas de amargor por dentro.
¿Es por una mujer, que supuras cansancio?
mira en qué te has convertido.
Todas las palabras son ácidas,
las personas ahora inducen pacífica violencia,
¿acaso empiezas a aceptar aquello que prohibimos?
No son los lazos con el mundo
resistentes como el aire.
Pero te niegas a la opción de la descordura,
y ahora el recuerdo, maldito,
te está hundiento en la fría tierra.
martes, 29 de noviembre de 2011
domingo, 13 de noviembre de 2011
El caballero se inclina sobre su rodilla con elegancia
y la mira directamente a los ojos, es asqueroso,
pero están a punto de besarse.
Parece lodo, goteando de sus guantes plateados,
y su gesto se está derritiendo por la barbilla.
La sensación es la de un agujero negro dentro del pecho,
que se expande mientras se traga todo lo demás.
Sujeto mi cabeza con ambas manos, no quiero mirar,
y no puedo evitar entreabrir los dedos.
Un lado de mi boca se eleva creando la expresión del asco,
y algo en mí se queda solo y escribe en un muro “eres hielo”
Ilusa ilusa, qué haces, ¿no ves los colmillos del lobo?
Pero yo no tengo derecho a arrancar las ropas
del monstruo amado.
La está abrazando con sus pegajosas extremidades,
su aliento araña su rostro.
Mi máscara no engaña a la piel que hay debajo,
la nada se está tragando todo, el escenario está en tinieblas.
No hay un Archive que rescate y corro a detener la tragedia
antes de descubrir la tristeza abarcando el cielo.
Debajo de su capa las garras sujetando sus caderas,
sus piernas deformes pegándose a ella.
Un resplandor toma el nombre de la rabia,
y la espada atraviesa el cuerpo de la criatura despreciable.
Ha caído una capa vacía, jamás existió la criatura,
yo sujeto el arma convertida en hielo,
el agujero negro se llena de pánico, el suelo se encharca.
Y ella corre, corre lejos de mí.
Ahora mi piel es algo terrible que se derrite,
y mi cuerpo deformado me hace inclinarme con vergüenza.
La bestia del odio aprende de las lágrimas.
y la mira directamente a los ojos, es asqueroso,
pero están a punto de besarse.
Parece lodo, goteando de sus guantes plateados,
y su gesto se está derritiendo por la barbilla.
La sensación es la de un agujero negro dentro del pecho,
que se expande mientras se traga todo lo demás.
Sujeto mi cabeza con ambas manos, no quiero mirar,
y no puedo evitar entreabrir los dedos.
Un lado de mi boca se eleva creando la expresión del asco,
y algo en mí se queda solo y escribe en un muro “eres hielo”
Ilusa ilusa, qué haces, ¿no ves los colmillos del lobo?
Pero yo no tengo derecho a arrancar las ropas
del monstruo amado.
La está abrazando con sus pegajosas extremidades,
su aliento araña su rostro.
Mi máscara no engaña a la piel que hay debajo,
la nada se está tragando todo, el escenario está en tinieblas.
No hay un Archive que rescate y corro a detener la tragedia
antes de descubrir la tristeza abarcando el cielo.
Debajo de su capa las garras sujetando sus caderas,
sus piernas deformes pegándose a ella.
Un resplandor toma el nombre de la rabia,
y la espada atraviesa el cuerpo de la criatura despreciable.
Ha caído una capa vacía, jamás existió la criatura,
yo sujeto el arma convertida en hielo,
el agujero negro se llena de pánico, el suelo se encharca.
Y ella corre, corre lejos de mí.
Ahora mi piel es algo terrible que se derrite,
y mi cuerpo deformado me hace inclinarme con vergüenza.
La bestia del odio aprende de las lágrimas.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Me asusta el mundo entero,
respirar, estar viva.
Esperar, ser. Tengo miedo de las voces.
Me estoy agarrando a esta canción
como si el suelo estuviera a punto de hundirse.
Todas las promesas que guardé en el puño
se han convertido en polvo y en sudor.
Temo al tiempo caprichoso,
a los kilómetros que queman,
y a jugar a la ruleta rusa con la soledad.
Siento que pierdo el equilibrio
y me aterran los contornos de lo que veo
si entreabro los ojos.
Siento pánico de esta manía obsesiva
que está creciendo en mi pecho confuso.
Y me piden que siga siendo
este ratón asustado.
Que la nube se vuelva cada vez más negra.
Me obligan a lanzarme a la locura
y su abrazo inevitable.
Inspira la cordura que aún queda aquí dentro
esa bestia que existe dentro de mí
dando vueltas con las manos en los oídos.
Que no terminen los relámpagos ni el aullido,
me aterra existir.
Y vosotros me obligáis a ser amante y ermitaño,
soldado y viento, voz y muerte, furia, agua,
sombra, alegría y suicidio.
martes, 25 de octubre de 2011
Escogí perder las todas las palabras,
quedarme con la voz en blanco.
Había gastado la tinta escribiendo
en piedras de sal emociones demasiado dilatadas.
Pero el viento se ha llevado lo que queda de mí.
Busqué una sombra,
un pozo lo sufiente profundo como para evitar
el sonido de los tacones.
Y me quedé en silencio, esperando su imagen.
Pero ella seguía allí, donde siempre estuvo.
Y yo, yo era tan pequeñita...
que las piedras parecían edificios.
Aunque ya no recordaba ningún idioma
acaso, quizás, la llamada de un gato,
o la sonrisa del frío.
Busqué al verso con todas las pupilas
y un día vino para contestarme:
"has huído del tiempo,
ya no conoces la textura de la piel del mundo"
Me escondí más abajo aún, más profundo
en mí misma.
Y mi no-voz susurraba que ya no necesitaba nada,
que había dejado en el camino todas sus apariencias.
Pero ella estaba allí para recordarme el abrazo del mundo.
Y el verso y yo entendimos, sin palabras,
todo el significado de las lágrimas.
quedarme con la voz en blanco.
Había gastado la tinta escribiendo
en piedras de sal emociones demasiado dilatadas.
Pero el viento se ha llevado lo que queda de mí.
Busqué una sombra,
un pozo lo sufiente profundo como para evitar
el sonido de los tacones.
Y me quedé en silencio, esperando su imagen.
Pero ella seguía allí, donde siempre estuvo.
Y yo, yo era tan pequeñita...
que las piedras parecían edificios.
Aunque ya no recordaba ningún idioma
acaso, quizás, la llamada de un gato,
o la sonrisa del frío.
Busqué al verso con todas las pupilas
y un día vino para contestarme:
"has huído del tiempo,
ya no conoces la textura de la piel del mundo"
Me escondí más abajo aún, más profundo
en mí misma.
Y mi no-voz susurraba que ya no necesitaba nada,
que había dejado en el camino todas sus apariencias.
Pero ella estaba allí para recordarme el abrazo del mundo.
Y el verso y yo entendimos, sin palabras,
todo el significado de las lágrimas.
martes, 6 de septiembre de 2011
Poner fin a la normalidad
es acariciar con las yemas la linea de la locura
mientras suena Old artist de Archive en un estéreo cerebral
huele la humedad de los versos cuando son como una niebla.
Quedarse ciego de sonrisas.
En el estéreo termina la normalidad,
termina la voz de los poetas, suena Old artist
y dirijo una orquesta imaginaria hasta un precipicio nublado.
Para entonces las conexiones chispean en las yemas,
la linea es un barro que trepa por mis rodillas
y el beso tiene la consistencia de la fiebre.
No tiene por qué reírse el poeta
de su falsa idea de suicidio al mirar por la barandilla,
aunque la niebla esté fría, los dedos no abarquen el barro
y Archive pierda su resonancia.
¿Tendrá valor el Hombre? La alternativa de la niebla
es la angustia y Ver es un patio sin ningún color.
El barro se mancha de sangre
y en la barandilla se ven las marcas de las yemas.
No hay ninguna normalidad, sólo algo eléctrico.
Old artist. Y la niebla, densa de palabras ciegas.
es acariciar con las yemas la linea de la locura
mientras suena Old artist de Archive en un estéreo cerebral
huele la humedad de los versos cuando son como una niebla.
Quedarse ciego de sonrisas.
En el estéreo termina la normalidad,
termina la voz de los poetas, suena Old artist
y dirijo una orquesta imaginaria hasta un precipicio nublado.
Para entonces las conexiones chispean en las yemas,
la linea es un barro que trepa por mis rodillas
y el beso tiene la consistencia de la fiebre.
No tiene por qué reírse el poeta
de su falsa idea de suicidio al mirar por la barandilla,
aunque la niebla esté fría, los dedos no abarquen el barro
y Archive pierda su resonancia.
¿Tendrá valor el Hombre? La alternativa de la niebla
es la angustia y Ver es un patio sin ningún color.
El barro se mancha de sangre
y en la barandilla se ven las marcas de las yemas.
No hay ninguna normalidad, sólo algo eléctrico.
Old artist. Y la niebla, densa de palabras ciegas.
lunes, 22 de agosto de 2011
En la imagen encontramos
una niña con grandes ojos tristes.
No tiene miedo, ninguno,
aunque sea su casa la que arda ante ella,
aunque ella fuera la que encendió la cerilla,
aunque ella tiró la cerilla a las cortinas,
aunque acercó el sofá de su padre
para que el fuego siguiera vivo.
Observa su obra con las manos oscurecidas,
con la cabeza ladeada, con una curiosidad tan inocente
que se podría llamar blasfema.
“No pasa nada, todos dormían”
“No pasa nada, todo irá bien”,
repite un policía que la abraza.
Pero no pueden alejarla de la escena,
hasta que la música no se detenga.
Y ella hubiera preferido dormir
sentir todo el peso de su creación
derrumbándose sobre ella.
Lo desea con todas sus fuerzas
antes de que termine todo
y el mundo vuelva a ser
un amasijo de intenciones disueltas.
viernes, 29 de julio de 2011
Van muriendo todos los versos,
estoy llorando sola en un hotel lleno de ruido.
Puede ser defensa propia,
pero mi cuerpo tiene miedo de vivir más,
y está matando a todos los versos,
como la bestia que se come a sus cachorros.
Acepto la certeza de una forma tan absurda
que se quedan las manos temblando,
el pecho cargado de disculpas vacías,
los labios agrietados y silenciosos,
todos los escondites llenos de resignación.
Acepto la primavera como un adiós lejano.
No me conozco entre todo este pelaje,
pero la flor sabe que jamás seré la misma
mientras todos los versos me olviden,
y mis ojos sólo estén cargados de rencor.
Acepto el destierro,
un desierto lleno de música y un reloj
con las manillas buscando el quiebro y la quietud.
Convertir la máquina en roca, y en olvido ésta,
y dejar a los versos morir en forma de oleaje.
Acepto entregar el latido
al trino de un pájaro a las cinco de la madrugada.
Y marcharme con lo puesto...
unos ojos que miran hacia arriba, un corazón a rastras.
estoy llorando sola en un hotel lleno de ruido.
Puede ser defensa propia,
pero mi cuerpo tiene miedo de vivir más,
y está matando a todos los versos,
como la bestia que se come a sus cachorros.
Acepto la certeza de una forma tan absurda
que se quedan las manos temblando,
el pecho cargado de disculpas vacías,
los labios agrietados y silenciosos,
todos los escondites llenos de resignación.
Acepto la primavera como un adiós lejano.
No me conozco entre todo este pelaje,
pero la flor sabe que jamás seré la misma
mientras todos los versos me olviden,
y mis ojos sólo estén cargados de rencor.
Acepto el destierro,
un desierto lleno de música y un reloj
con las manillas buscando el quiebro y la quietud.
Convertir la máquina en roca, y en olvido ésta,
y dejar a los versos morir en forma de oleaje.
Acepto entregar el latido
al trino de un pájaro a las cinco de la madrugada.
Y marcharme con lo puesto...
unos ojos que miran hacia arriba, un corazón a rastras.
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