domingo, 15 de agosto de 2010

A solas,
las notas han perdido el misterio,
ese “algo” invisible.
La tinta evita su hueco en la caída,
la palabra busca la calidez de lo extraño.
La mirada se vuelca hacía dentro,
tan perversamente...

Todas las lágrimas abrasan en el interior.
Crece el miedo a incomprenderme.
Me convierto en la máquina
que conoce la duración de sus latidos.
“No dejaré que el mundo siga existiendo
sin MI.”

Poesía cubre su rostro,
prevé el asesinato inminente.
Se avergüenza de su tamaño y su fondo.
Y tú sigues despierto, D., esperas,
¿A qué esperas?, ¿Por qué sonríes,
así, como si observaras lo patético
de ver mi teatro ante el final del verso?

Soy para ti por entero ahora,
los restos de la vida, las migas,
el silencio cobarde.
La actriz que se quita la máscara
ante el público impasible...
Y se arranca la ropa y se muere,
se muere...
Intenta creerse que todo sigue siendo
la misma piadosa mentira para huir
de eso otro, tan terrible, tan eterno.
Tan Vivo
como la misma oscura niebla de su olvido.

3 comentarios:

Antoine Lamarck dijo...

Me encanta tu poema.
Lo empiezas a leer
y te atrapa.
Te sumerges en el
y no quieres salir,
no quieres que se acabe.
Me encanta tu poema.

Mao dijo...

A por el siguiente :)

Symbelmynë dijo...

atrapante!