viernes, 2 de diciembre de 2011

Vivo escondida de la lluvia que amo,
atada a los grilletes marcados de Europa
que saben quemar la piel gritando "No."
Y yo, imagen de la tristeza, cedo a la desgana
y muevo por impulso estos músculos ajenos.
No existe abismo que comprenda,
ni dios que consienta este brutal deseo.
Pero la naturaleza extraña
sujeta mi mente a mis dedos
exigiéndome palabras de mirada ensimismada.
Acaricia mi pelo susurrando: no es la hora…
¿Qué fue del soñador,
O de aquél que intuía el aroma del sexo?
Las circunstancias me convierten
en puntos suspensivos sin dirección.
Qué, qué ha sido, Hamlet
si no la lluvia ácida de la rabia
cuando amaina sin víctimas.
Ojala el verso masticara la cordura
y no tuviera que rendir cuentas a los hechos.
Pero el acto vuelve a dar un portazo
y yo ya no distingo muros y promesas.

2 comentarios:

PierroT dijo...

Ser o no ser

Poemas y Otras Mentiras dijo...

Ojala el verso masticara la cordura
y no tuviera que rendir cuentas a los hechos

Hermosos versos!

Saludos!