lunes, 17 de agosto de 2009

¿Vencida?
Había sido la batalla más dura que había librado jamás. Y allí estaba, encarando a su intacto rival mientras contenía en silencio su último aliento.
La sangre brotaba de cada una de las heridas de su cuerpo. Su pelo, sucio y despeinado, caia encima de su cara. Se apoyaba dificilmente en el mango de su espada mientras miraba al suelo. ¿Rendición?
-¿Por qué no dejas de sonreir, no ves que estoy a punto de matarte? Todo, todo tu mundo y todo lo que te rodeaba te ha fallado. Ni si quiera tienes fuerza para sujetar tu arma. ¿Y aun tienes el valor de sonreir, descarada ante tu final?
Era cierto... apenas podía mantenerse en pie. Así que decidió sentarse con las rodillas cruzadas y concentrar las pocas energias que le quedaban. Seguía sonriendo.
Lo había comprendido en el ultimo momento. Sus labios se torcieron aun más.
-Como siempre, en el último momento
-¿Como dices?
Clavó la espada en el suelo y levantó la mirada hacía aquel que intentaba ser su verdugo. Después de deshacerse de la espada que le había regalado su padre, se arrancó la capa junto con la cual había librado interminables batallas, y trozo por trozo fue tapando todas las heridas de su cuerpo. Dejó escapar una lágrima, solo una.
Su asesino la miraba curioso, aunque cierto era que algo de inquietud comenzada a recorrerle por dentro.
-Estás muerta, ¿me oyes?
No le escuchaba, y lentamente fue anudando todo su cuerpo con aquel valioso recuerdo. No dejaba de sonreir por un momento.
Terminó rápido, y volvió a alzar la mirada hacía el enemigo.
-No, no estoy muerta, de hecho, creo que deberías rendirte ya antes de morir tu.
El enemigo dió un paso atrás. No, no podía ser, ella estaba derrotada, todas las fuerzas le habían abandonado... y sin embargo, contemplaba casi con temor como poco a poco aquella pequeña muchacha se recomponía y le volvía a enfrentar cara.
Esa mirada...
-¡Estás muerta!-Volvió a exclamar, y se abalanzó contra ella con todas sus fuerzas.
No hubo un momento de duda, con una rápida cinta ella le esquivó, para hundir con todas sus fuerzas su espada en la espalda del contrincante. Antes de que él pudiera emitir ningún sonido ella se dio la vuelta y de un limpio corte separó la cabeza de su enemigo del resto del cuerpo en un arcaico esfuerzo final.

Ya estaba, era el final. Sus cabeza de pronto se vio en paz, y cayó al suelo junto con su espada rota.

Como siempre... tenía que comprenderlo en el último momento.

Estaba sola, era cierto, y todas las verdades habían caido definitivamente. No quedaba nada, absolutamente nada que demostrar. Y sin embargo el aire seguía siendo fresco y limpio...

Aspiró con fuera, y después volvió a sonreir mirando hacía el claro horizonte.

Ya no tenía miedo. Y por un momento, para ella todo volvió a ser unidad.

4 comentarios:

Carlos Gregorio Casero Osorio dijo...

No sabia que tb escribias este tipo de cosas y encima lo haces genial, hay algo que no sepas escribir??

mitilene dijo...

Parecer débil siempre es una buena arma. Escribes muy bien, ¡felicidades!

Toni Balaguer dijo...

This is great!! Y tú "resistiéndote" a escribir en prosa, che ;-)

Anónimo dijo...

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